lunes, 28 de marzo de 2011

Dejen de nublar las voces

I

Que terminen de callar mis voces idiotas
Mis voces repetidas, mis voces de pena;

Que hable de pronto el miedo:
el miedo que sepa de mi.
Que el tiempo se ponga caprichoso,
que las voces dejen de nublar:

dejen de nublar las voces
para el mar la luna.

¿Qué quedará en la tierra si quisiera empezar de nuevo?

II


Podrido el árbol, se hace trizas,
primeramente sedoso,
luego putrefacto.

Cadáver de lana pa no arruinar el parké.
Olor a cera,
motor escoba.

Alguna vez la nieve credo,
la nieve silencio.
Amarilla y jugosa;
Ciudad de patinaje.

Bicicletas peligrosas,
Estalactitas ruidosas.
Ciudad coqueta,
sobretodo blanco;
bien blanca.

Que terminen de callar mis cuentos,
sobretodo los que dañan.

jueves, 24 de marzo de 2011

Pescador y noche

Un satélite perdido le pulsa una costilla trayendo señales de un pez que escapó.
Un velero equilibrista confía al viento las rebanadas de agua sobre la arena.
Y al instante que el mar se fatiga contra las rocas, una libélula zumba sus alas rotas.
El vértigo de la altura dormido en la luna, en un instante despierta, en un ruido perdura:
El gruñido de un gato se escurre entre las grietas negras.
El eco retumba,
el frío insinúa.

Se desprende del tiempo la paciencia del pescador,

del pez, el anzuelo.

martes, 15 de marzo de 2011

Tren

Socorrerle a la gota el suspenso
laminando con ella la yema de mi dedo.

Organizar un comité de postores
para las carreras acuáticas de gota sobre vidrio.

¿Ver venir o ver irse?

Imaginar un rostro posible para la nuca sentada delante mìo.
Escuchar la poesìa oral del vendedor de libros.
Leer los tìtulos de un diario ajeno

Palpitar el rugido y el tiempo muerto
del otro tren al pasar.

Socorrele a la gota el suspenso
y laminar con ella el vidrio entero.

lunes, 27 de septiembre de 2010

ocho patas

Tarde o temprano la pregunta rechina sabidamente en el eco de un tenedor tatuando la olla pianola.

..........

Tengo una piedra colgada en la puerta izquierda del placard,
le hago una pregunta y contesta..
la última respuesta sólo la sabe ella.

...........

…”No sé si los escucho pero los árboles hablan…”

...........

La catástrofe liviana, la lengua de Media Hora,
la lluvia que acicala el césped, la mano araña.
El cielo contenido en una palabra,
el planeta que mastico en una manzana.

“Cruel, cruel porvenir, no le pidas una mano al viento”

Tú, cama de mi sueño, CUERPO.
no le tengas celos a la almohada,
sostiene la cabeza que mi sueño araña.

martes, 31 de agosto de 2010

...

Cabe decir que las cosas mutan, que el hombre en su busqueda egocéntrica no puede aceptar su ser multiforme, y en ese desentendimiento se cree débil, se martiriza.
La búsqueda de un ser quieto y explicáble, prototípico, aleja al ser humano del choque con lo desconocido; el control sobre si mismo es la busqueda imborrable y natural de poder, sobre si mismo y luego sobre el otro.

6, 2-1.

La tarde del 27 de Octubre de 2002 a las 18.30, el sexto proyectil comenzaba esta historia rozando el prólogo en el parietal izquierdo de María, que para entonces yacía muerta en la bañera.
Justo antes de haber sido arrastrada por las escaleras, antes de ser asesinada en el living de su casa, antes de bajarse del auto para llegar a la puerta de lo que serían diez minutos de hogar, 67 segundos de condena a cinco balazos, y siete minutos de paseo involuntario hasta la bañera, María pensó en Nicolás.
Nicolás tiene 34 años y vive a unas cuadras de su casa donde pasaron la madrugada del 27. La mañana de ese mismo día María despertó a Nicolás que roncaba una pesadilla hacia el techo.
-Tranquilo Nico, estabas soñando, preparé café.
Mientras María untaba con manteca unas tostadas, Nico se cepillaba los dientes y repasaba la rutina. A las 18 hs. Toco el timbre, para las 18.30 tiene que estar muerta.
El lavabo centrifugó los últimos restos de blancura.
Café, tostadas, miradas, el diario, 27 grados para la tarde, café, el superclásico, mirada, culpa, un beso, una despedida.
A las diez tenía que estra en lo de Lopez, el vecino abogado que tenía trabado el portón electrico, después comería algo, seguiría con algún trabajito más y más tarde saldría a correr con el celular. A las 17.15 la TV de Francisco, el hijo de María, iba a dejar de funcionar. Después del llamado corrió unos minutos más por las afueras del Country y se dirigió a la casa de María.
Cuando llegó notó a Francisco ansioso, pero no nervioso, más bien emocionado, le dijo que entrara, su madre llegaría pronto.
-Arriba está el televisor, y haciendo una pausa sonrió: y el arma también.
En el cuarto la luz resplandecía las cortinas verdes. Francisco se le acercó, le puso una mano en la nuca y empezó a besarlo. Nico estaba viéndole los parpados cerrados cuando sintió la sonrisa en la boca y el arma en el estómago.
-Tomá Nico, me voy abajo, mi vieja debe estar por llegar.
Se sentó en la cama y esperó sin dejar de ver el revólver que sostenía con la mano derecha sobre su pierna.
Por la ventana entró el ruido de un motor que se apagaba, luego escuchó la puerta abrirse. Madre e hijo hablaban. Las escaleras alertaron pasos. Era Francisco.
-Dice mi vieja que bajes, es hora.
Miró el televisor apagado y bajó. Eran las seis menos diez de la tarde según el reloj colgado en la pared del living detrás de donde María lo esperaba parada para preguntarle si había podido arreglar el televisor. Nico dudó y le contestó que sí, le preguntó por el día en la empresa y ella contestó que había sido normal, reuniones con otros presidentes empresariales, firmas y largas charlas sobre el superclásico en las que preferió no participar.
-Que bueno que las cosas dejen de funcionar en ésta casa, así te veo.
-¿Tenés hora María?
María volteó para mirar el reloj. Cuando volvió la mirada cayó desplomada por un disparo que le abrió el pómulo derecho. Mientras lloraba e intentaba pararse ayudándose con la silla Nicolás disparó nuevamente.
-¡¿Qué estás haciendo Nicolás?! ¡¿Qué estás haciendo?! Gritó entre llantos María.
-¡No sé, María! Nicolás escuchó los pasos y volteó.
-Las balas de verdad las tengo yo, mamá. Francisco disparó cinco veces sobre su madre. El cuerpo quedó inmóvil sobre la alfombra, la casa en silencio.
-¡¿Qué carajo me hiciste hijo de puta?!
-¿Qué te hice preguntás?, casi millonario si me ayudas a cargarla hasta la bañera.
-Sos un hijo de puta, Francisco.
En siete minutos arrastraron el cuerpo hasta el baño y lo metieron en la tina. El hijo apretó por sexta vez el gatillo y buscó en el piso el cartucho marcado.
-Tomá, ya podés irte. Nicolás agarró el cilindro y fue hasta su casa, metió el cartucho en la caja de perfume que tenía preparado sobre la mesa, subió al auto y manejo hasta el bar “El Rinconcito”. Le habían reservado la única mesa que daba a la avenida Santa Fé. El bar estaba lleno, el televisor gritaba el relato. A las 20.17 horas, antes de la hora prevista, entró al lugar un hombre que se acercó a la mesa donde estaba Nicolás, se sentó frente a él, recibió el paquete y se despidió.
Cinco minutos después Nicolás tomó el último sorbo de café frío, pagó y salió del bar con el grito del segundo gol del partido.

¿Dónde está el queso raYado?

Cuando la búsqueda se enfoca demasiado finamente, el deseo logra desentender la percepción.
Aquel ideal que "embuda" la búsqueda desentiende al sujeto de una voluntad fuera de si. El objeto deberá responder a ésta imagen previa sino formara parte del resto del paisaje fuera de foco.
El deseo transgrede la disponibilidad verdadera del objeto. Lo "estatitiza".
El sujeto no concibe al objeto como ajeno, no corresponde estados o voluntades ajenas. Lo real es sólo real y existe si engrana de alguna manera un circuito perceptivo-mental para con los moldes que son sus voluntades, sus deseos y sus idealizaciones.