Y si a la serpiente se le pianta ser
que se sirva del impulso del deseo y arre-meta:
y árre!,
arriba!,
culmina!,
se desaloja.
…
Acariciando los intestinos y despedida hacia el cielo
que muerda el tramo más fino de la lengua del sol.
…
Ahora que el cuerpo le ha quedado colgado se deja cómodo.
Se deja,
se mece
cereza.
Se reza, se pide, se mide, con cautela.
Concibe la tela y se viste de ella.
Y ella, estela, no es tela,
ni es ella,
es él,
que desde el látigo inquieto del sol
la serpiente mastica
comunica,
y alimenta.
Desde dentro hacia fuera,
y viceversa.
Y justo allí,
lo sabe,
cuando no insiste ni nombra.
Se une,
se empantana,
se hunde,
inunda.
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