martes, 31 de agosto de 2010

Metálico, sintético y carnívoro.

La noche aparece como un cuerpo dentro de mi estomago,
y en el, se ahoga de nervios.
El reloj, la maquina, y sobre todo el ventilador,
tallan el silencio crujiendo particulas contra papeles de nylon o pasos de rata.
Las uñas le recuerdan la piel,
y el envenenamiento natural del poco reposo,
engrana con oxido la mesa flotante, el suelo callado y las puertas muertas.
El vidrio con pelos tiene escalofrios,
teme romperse y se guarda en un sobre planeando algo que no sabe.
"Dejame en paz", dijo a si mismo, a la silla o a la mesa,
cualquiera que lleve una mochilla llena de grumos.
Si no tuviese miedo, no seria él,
si fuese por él, no tendría miedo.

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